En la primavera de 1917, mientras la Primera Guerra Mundial atravesaba sus años más cruentos, se dice que la Madre de Dios se apareció a tres pastorcillos iletrados en un prado pedregoso del centro de Portugal. Lo que comenzó como una visión privada entre primos que apacentaban sus ovejas se convirtió en uno de los acontecimientos marianos más trascendentes y mejor documentados de la historia de la Iglesia, culminando en un milagro público presenciado por decenas de miles de personas. Más de un siglo después, Fátima sigue siendo un referente de la devoción católica al Rosario, a la reparación y al Inmaculado Corazón de María.
Los niños y el Ángel de la Paz
Los videntes eran Lúcia dos Santos, de diez años entonces, y sus primos menores Francisco y Jacinta Marto, de nueve y siete años respectivamente. Pobres, piadosos y sin instrucción, los tres pasaban sus días apacentando los rebaños de sus familias por los campos cercanos a la aldea de Aljustrel, en la parroquia de Fátima.
Antes de que se apareciera la Señora, los niños relataron posteriormente una serie de tres encuentros en 1916 con una figura resplandeciente que se presentó como el Ángel de la Paz, o el Ángel de Portugal. En estas visitas les enseñó oraciones de adoración y reparación, y en la última aparición se presentó sosteniendo un cáliz con una Hostia suspendida sobre él, dando la Comunión a los niños. Estas visitas angélicas se interpretan tradicionalmente como una preparación para las apariciones de María que habrían de sucederse al año siguiente.
Las seis apariciones
Las apariciones de la Virgen comenzaron el 13 de mayo de 1917 en la Cova da Iria, una hondonada natural a las afueras de la aldea. Los niños describieron a una Señora «más brillante que el sol», que les pidió que regresaran al mismo lugar el día trece de cada mes durante seis meses consecutivos. Les instó a rezar el Rosario a diario por la paz y el fin de la guerra.
Las visitas continuaron en junio, julio, septiembre y octubre, con una interrupción en agosto, cuando las autoridades locales detuvieron a los niños, lo que obligó a que la aparición tuviera lugar unos días después en la cercana localidad de Valinhos. A medida que la noticia se difundía, las multitudes crecieron desde un puñado de vecinos curiosos hasta miles de peregrinos, aun cuando solo los tres niños podían ver y oír a la Señora. Ella insistió repetidamente en que la oración, la penitencia y la conversión eran sus peticiones fundamentales, y en octubre se dio a conocer como «la Señora del Rosario».
Los tres secretos
Durante la aparición del 13 de julio de 1917, los niños recibieron lo que se conocería como los Tres Secretos de Fátima. El primero fue una visión vívida y aterradora del infierno, mostrada para imprimir en el mundo la realidad del pecado y la perdición de las almas que rechazan a Dios.
El segundo secreto se derivaba directamente del primero: como remedio, la Señora pedía la devoción a su Inmaculado Corazón, la Comunión reparadora de los primeros sábados y la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón. Anunció que la guerra en curso terminaría, pero que vendría un conflicto aún más terrible si la humanidad no volvía a Dios —palabras que más tarde se leyeron como un presagio de la Segunda Guerra Mundial—. El tercer secreto fue puesto por escrito por Lúcia y permaneció sellado durante décadas; el Vaticano lo publicó en el año 2000, presentándolo como una visión simbólica de un «obispo vestido de blanco» que sufre persecución, que la Iglesia asoció con el atentado contra la vida del Papa Juan Pablo II en 1981.
El Milagro del Sol
La Señora había prometido a los niños que en octubre realizaría un milagro para que todos creyeran. El 13 de octubre de 1917, unas setenta mil personas se congregaron en la Cova da Iria bajo una lluvia torrencial. Según numerosos testigos —entre ellos escépticos y periodistas de la prensa laica—, las nubes se abrieron y el sol pareció girar sobre sí mismo, irradiar destellos de colores y precipitarse hacia la tierra antes de volver a su lugar.
Los presentes afirmaron también que sus ropas empapadas y el suelo enlodado quedaron de repente completamente secos. Dado que el acontecimiento fue presenciado por una multitud tan numerosa y diversa y recogido por la prensa de la época, el «Milagro del Sol» ha seguido siendo un elemento central de la credibilidad de Fátima, aunque creyentes y críticos continúen debatiendo su naturaleza.
Aprobación, devoción y canonización
El obispo local de Leiria declaró las apariciones dignas de fe el 13 de octubre de 1930, autorizando formalmente el culto a Nuestra Señora de Fátima. En las décadas siguientes, los papas respaldaron reiteradamente esta devoción; Pío XII y, más tarde, Juan Pablo II realizaron actos de consagración en respuesta a las peticiones de Fátima, y Juan Pablo II atribuyó a Nuestra Señora de Fátima el haberle salvado la vida en 1981.
Francisco y Jacinta Marto murieron siendo niños a causa de la pandemia de gripe que asoló Europa entre 1918 y 1919, tal como la Señora había anunciado. Ambos fueron beatificados en el año 2000 y canonizados por el Papa Francisco el 13 de mayo de 2017, centenario de la primera aparición. Lúcia se hizo religiosa carmelita, vivió hasta los noventa y siete años y murió en 2005; su propia causa de canonización está en curso.
Fuentes y lecturas complementarias
- Catholic.com — Nuestra Señora de Fátima: las apariciones, los tres secretos y su impacto histórico
- Britannica — Nuestra Señora de Fátima
- Wikipedia — Nuestra Señora de Fátima